King Charles, el Matador, 'Carlitos' para su antiguo compañero y rival, Nasser Al-Attiyah. Son muchos los cariñosos motes que ha recibido desde el respeto Carlos Sainz durante sus más de 30 años compitiendo al máximo nivel. Más de tres décadas entre los coches de las categorías reinas del WRC y del Dakar que le han dado para alzarse con muchos éxitos y reconocimientos, entre ellos dos títulos del Mundial de Rallies, tres Dakar, una Copa del Mundo FIA de Rallies Cross-Country y 26 victorias intercontinentales, solo superado por Sébastien Loeb, Sébastien Ogier y Marcus Grönholm. Sin embargo, había un premio que todavía se le había resistido: el Princesa de Asturias de los deportes.

El martes 16 de junio de 2020 esto último se ha revertido y Sainz ha pasado a estar en la lista de personalidades del motorsport que han recibido dicho galardón, entre las que ya se encontraban Michael Schumacher, Fernando Alonso y Sito Pons, pero en la que faltaban otros muchos, como el ya desaparecido Ángel Nieto. El madrileño le ganaba la votación final a la gimnasta estadounidense Simone Biles, situando de nuevo el mundo de las carreras en lo más alto de la lista del prestigioso premio Princesa de Asturias que le será entregado en el Teatro Campoamor en Oviedo de manos de la Princesa Leonor.

Lo hará precisamente en un año muy especial para Carlos, el cual celebra el 30 aniversario de la que fue su primera victoria en el Rally de Acrópolis de 1990 y el primer título Mundial que cosechó junto a su inseparable Luis Moya como copiloto. Solo dos años más tarde llegaría el segundo, de nuevo al volante de un Toyota Celica GT-Four, en lo que parecía el inicio de una racha que le daría un buen número de títulos intercontinentales a la pareja española.

La gran rivalidad de la era de los noventa, el cambio a una Lancia venida a menos, así como el sinsabor mecánico que marcó su temporada 1998 o los amargos RAC de 1995 y 2003 en el que se despidió del título en el último rally, no ensombrecen la espectacular trayectoria de Sainz, capaz de ser competitivo en prácticamente todos los coches sobre los que se montó. Ahora, cuando se prepara para ver a su hijo vestido de rojo Ferrari en 2021 y ultima los detalles para estar de nuevo en la salida del próximo Dakar el 3 de enero en Arabia Saudí, Carlos Sainz Cenamor inscribe su nombre en el prestigioso “club” de los deportistas que han ganado un Princesa de Asturias de los deportes.

Deseado no solo como piloto, sino también como probador:

Su trabajo como probador también le ha ayudado en esa carrera deportiva tan longeva y ha sido clave prácticamente por todos los equipos por los que ha pasado. Precisamente es algo que destacan algunos de sus copilotos más habituales, esa capacidad de trabajo con el coche desde el primer día. Siendo piloto de Volkswagen Motorsport en el Dakar, el equipo germano contó con él para ayudar en el desarrollo del Polo R WRC, todo ello a pesar de que llevaba apartado del Mundial de Rallies casi una década y que nunca llegó a competir con la reglamentación 1.6 turbo.

Ese talento técnico y su capacidad de trabajo y adaptación fue tenida muy en cuenta también en el Dakar, donde ayudó a desarrollar el concepto buggy hasta llevarlo al límite de la normativa. Primero con el modesto pero experimentado equipo SMG y después en su llegada a Peugeot, donde ayudaría a solventar los problemas de juventud que tenía el concepto 4x2 de los franceses en ese primer año del Peugeot 2008 DKR. A partir de ese punto, su llegada a X-Raid también terminaría por catapultar en cuanto a rendimiento al MINI JCW Buggy, con el que no solo Stéphane Peterhansel conseguiría vencer en la Copa del Mundo FIA de Rallies Cross-Country en 2019, sino que daba el pasado mes de enero a Carlos Sainz y Lucas Cruz su tercer touareg con tres marcas distintas.