Yo soy hijo de dos madres.

Crecimos en los años 80.

En los dibujos vi sirenas, bestias, cangrejos y tazas que hablan.

En el patio del colegio escuché insultos.

En las noticias vi cómo políticos se reían de mi hogar.

Llamaban a mis madres peras y manzanas.

Decían “que no lo llamen familia”.

Se opusieron durante años a que pudieran casarse.

Ahora, en 2022, hay gente quejándose por un beso entre dos mujeres en una película.

Porque qué les va a enseñar eso a sus hijos e hijas.

Cuando tú te quejas de la representación de algo lo que haces es quejarte de la realidad de lo que ese algo representa.

Te quejas de una realidad.

Muchas quejas sobre una realidad configuran un discurso.

Y si esa realidad es una realidad históricamente vulnerada.

Lo que estás haciendo es generar un discurso de odio.

Que tú veas mal que dos mujeres se besen en una película y que lo digas.

Tiene una lectura en el mundo.

Tiene una traducción en la vida.

Le estás dando argumentos y herramientas a otras personas.

Para poder seguir odiando la diversidad.

Yo no necesito que se me reconozca nada.

Yo sé quién ha sido mi familia.

Lo sé porque me ha proporcionado el afecto necesario y la libertad exacta para poder llegar a ser la persona que soy.

Lo sé porque viví la intimidad.

Esa que no tenía que ver con escenas pornográficas.

Esa que consistía en cuidar, discutir, pactar y hacer planes.

Esa que me dio el poder para entender que la diversidad del mundo es una fortuna.

Porque cuando sabes que el relato no es único lo que tienes es un poder.

Yo soy hijo de dos madres.

Crecimos en los años 80.

No fue fácil porque había mucha gente que no soportaba que existiéramos.

Que quiso que tuviéramos miedo.

Que desapareciéramos para no cuestionar su famélica normalidad.

No lo consiguieron.

En los dibujos vi sirenas, bestias, cangrejos y tazas que hablan.

Pero no a mi familia.

Hoy puedo ver en los dibujos a mi familia y lo que siento es esperanza.

Porque si esa realidad es posible, si la gente la asume como posible, entonces cesarán los insultos en el patio del colegio.

Cesarán las burlas en las noticias.

Y el mundo será un lugar un poquito mejor.