"Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros están vigilados por hombres armados". La frase es de Aaron Sorkin, uno de los guionistas con más talento del cine y la televisión actuales. La puso en boca del coronel Nathan Jessup en la película de Rob Reiner 'Algunos hombres buenos'. El soberbio oficial de los marines encarnado por Jack Nicholson trataba así de justificar en un memorable monólogo la muerte de un soldado a manos de otros militares de su misma base. "Tú no puedes encajar la verdad", le decía al teniente Kafee (Tom Cruise), que le acorralaba en el estrado.

Lo cierto es que hay verdades que nos resultan incómodas, escenarios que preferimos no conocer, aunque sabemos que están ahí. Ha pasado en los últimos días en Ceuta. Allí, en la frontera sur de España y, por tanto, de Europa, fueron esos hombres armados los que restablecieron la normalidad en una ciudad que vive en una excepcionalidad permanente. La Guardia Civil se vio desbordada enseguida por la llegada masiva de la mercancía con la que el régimen marroquí presiona desde hace décadas a España: seres humanos que anhelan cruzar la frontera con la vana esperanza de encontrar al otro lado del muro una vida más digna. Sólo la llegada del ejército impidió que la situación se desbordarse y que en Ceuta prendiese una mecha que tantas veces ha estado a punto de encenderse.

Las imágenes de los soldados de la Legión y de sus blindados en la frontera ceutí incomodaron a muchos. Los de tecla fácil no pudieron evitar subirse al carro de la sobreactuación con frases delirantes en las redes del tipo "España manda tanques en una crisis humanitaria". No leí después a los mismos biempensantes hablar del momento en el que los soldados se bajaban de sus BMR (blindados medios sobre ruedas) –no tanques, por cierto– para atender a los marroquíes que llegaban exhaustos a territorio español. Fue el trabajo del ejército, de la Guardia Civil, de la Policía y de las oenegés el que impidió la tragedia que seguramente buscaba el régimen marroquí.

Muchos tienden a juzgar con una ligereza escalofriante el trabajo de los hombres armados. Algunos, como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se permite hasta excluirlos de una feria educativa con el apoyo de Podemos. El entonces secretario de organización de la formación morada, Sergio Pascual, empleó este aplastante argumento: "También se prohíben las películas de guerra en horario infantil".

Más les valdría a Ada Colau, a Sergio Pascual y a todos los que piensan como ellos ver en el ejército y en otros cuerpos armados el garante de su seguridad y, sobre todo, de su libertad y no caer en discursos simplistas para contentar a sus acólitos. El ejército español es desde hace muchos años una de las instituciones más sólidas de nuestro país. Lo demostró en plena pandemia y mientras escribo estas líneas, cuando la Unidad Militar de Emergencias lucha contra un desbocado incendio en Tenerife.