El PP mete en su gobierno a los posfascistas de VOX. Ninguna de las excusas que durante los últimos años se han dado y han difundido los palanganeros mediáticos para justificar que firmar acuerdos de presupuestos e investidura no era pactar con VOX porque estaban fuera de los gobiernos han quedado sepultados después de que el PP en Murcia haya incluido a una diputada de extrema derecha en la consejería de Educación. Pablo Casado se ha convertido en el único miembro importante de la derecha europea en incluir a un miembro ultra en sus gobiernos. La nueva consejera fue expulsada del partido de Abascal porque se pelearon por el control de las cuentas, que es lo de verdad les interesa, pero sigue defendiendo las mismas ideas de VOX del programa electoral. Las ideas antidemocráticas de VOX quedan fijadas en el ejecutivo regional del PP en Murcia.

En febrero de 2020 Angela Merkel prohibió cualquier tipo de pacto y acuerdo con la extrema derecha de Alternativa por Alemania. Lo hizo después de que uno sus lideres regionales en Turingia se hubieran sumado a un pacto con la AFD para hacer presidente al liberal de la FPD Thomas Kemmerich. Un pacto entre conservadores, liberales y la extrema derecha, como el PP, Ciudadanos y VOX. El escándalo fue de tal magnitud que Merkel obligó a romper ese acuerdo y se convocaron de nuevo elecciones. Antes perder un gobierno que pactar con los posfascistas. Pero es que en Alemania los conservadores de la CDU tiene claro su compromiso democrático.

El problema de Pablo Casado nunca ha sido la herencia de la corrupción, ni la venta de la sede de Génova, ni su liderazgo débil, sino la relación que quiere tener con la extrema derecha. Solo podrá ser presidente de este país o uniéndose a la extrema derecha o haciéndola desaparecer. Su vinculación discursiva oscilante con el partido de Santiago Abascal es la peor estrategia posible. La carrera pendular de Pablo Casado acercándose hasta hacerse indistinguible ideológicamente de ellos para luego insultarlos y calificarlos de ultraderecha, porque en la moción de censura no le interesa acercarse, para después incluirlos en su gobierno y adelantar unas elecciones en Madrid que le atan a su futuro es la peor estrategia posible. El líder del PP ha hecho todo lo que no debe hacerse en un partido conservador en su relación la extrema derecha para intentar parar su crecimiento.

Uno de los investigadores de la extrema derecha más importantes en Europa, el profesor Cas Mudde, dejó claro lo que pensaba sobre la estrategia de Pablo Casado con VOX: “Lo que está haciendo es ir tan hacia la derecha como Vox y luego asumir que pueden volver atrás. Esto no funciona y lo sabemos por las investigaciones realizadas durante décadas. E incluso si funciona, funciona temporalmente. Funcionó un poco en Austria y Francia. Pero después la extrema derecha regresó con más fuerza”. Apunten este vaticinio, porque está labrado en piedra. En Madrid lo lograrán de manera coyuntural, pararán el crecimiento de VOX, pero solo en Madrid, después serán fagocitados.

Pablo Casado en su estrategia de moderación validó y legitimó desde su llegada a las instituciones las ideas de un partido que considera la dictadura de Franco un gobierno legítimo más aceptable que el gobierno democrático de Pedro Sánchez. Un partido que defiende el terrorismo de Estado y homenajea a un criminal condenado por asesinatos, secuestros y torturas. Un partido que cree que hay que deportar a ciudadanos españoles por ser negros. Un partido que mantiene en cargos orgánicos relevantes a neonazis y antisemitas. Un partido que niega la violencia machista y quiere mandar a los homosexuales a la Casa de Campo. Los validó y legitimó desde el momento en que llegaron a las instituciones porque los necesitaba para gobernar, ahora los ha incluido en su gobierno. Pablo Casado ha cruzado el Rubicón atándose a los posfascistas y con ello ha finiquitado su futuro.