La llegada de Ómicron a Madrid ha sido la confirmación de la distopía individualista. Un lugar donde las personas se autodiagnostican cuando están enfermas y eso sirve para que les den la baja laboral (si consiguen cita médica, claro). Un sitio donde la salud está garantizada solo si eres capaz de pagarte un test o encontrarlo recorriendo infinidad de farmacias a la caza del hisopo perdido. Ahora basta con llamar y que un pobre sanitario al otro lado te coja el teléfono para tramitarte la baja médica y te crea al decirle que eres positivo. Prefieren dar bajas sin confirmar a testar de forma real la situación de la pandemia en Madrid, imaginen el descontrol.

Madrid es ese paraíso libertario contradictorio donde tienes que ir andando por la calle con la mascarilla puesta hasta entrar en una macrofiesta en la Fabrik para respirar, gritar y sudar junto a 4.000 personas. En Madrid no puedes lograr que tu médico te atienda pero sí comerte las uvas junto a 7.000 personas. Autocuidados y darwinismo social. Individualismo draconiano donde solo importa la vida de quien pueda dotarse de una seguridad al margen de las instituciones públicas. Porque a Ayuso solo le importa su utopía libertaria que le permita fraguarse una posición que destrone a Casado en su loca carrera a la Moncloa.

Hoy han cerrado un centro de salud en Leganés. Ya no reciben a nadie, han dejado de atender de manera presencial debido a la saturación y agotamiento de sus profesionales. El centro de salud de Miraflores en Fuenlabrada ha vuelto a ser cerrado por la falta de profesionales, y el centro de salud de Castilla la Nueva ya no pasa consultas por la tarde por el mismo motivo. Las urgencias hospitalarias están al límite porque los 37 Servicios de Urgencia de Atención de Primaria (SUAT) llevan cerrados desde marzo de 2020 y cualquier persona que necesite atención urgente se ve obligada a ir a un hospital aunque su dolencia sea leve.

En el Centro de Salud de Guayaba en Carabanchel varios policías tuvieron que ir a escoltar a sus sanitarios para que pudieran cerrar el consultorio a la hora de cierre porque quedaban más de 50 personas en la cola para atender y quisieron agredirlos. No ha habido ninguna muestra de apoyo y consideración por parte de Ayuso por esta situación de la que es la única responsable, solo una amenaza en los micrófonos de Losantos de investigar a médicas y enfermeras porque no cogen el teléfono y están saboteando su exquisita gestión. Un sabotaje como aquel del Zendal con el que quiso callar a los que denunciamos su escaparate de propaganda, tan falso como su talento.

Madrid es una ciudad con solo dos clases, la que puede pagarse la libertad y la que vive asfixiada por el libertinaje ajeno. Un territorio en el que conviven una casta de egoístas e irresponsables a los que soportan una mayoría de personas agotadas y abandonadas a su suerte a las que encima se carga con la responsabilidad de su propia suerte. Ayuso puede agradecer a una coyuntura histórica y dramática la suya propia, pero que se tiente la ropa, que la espuma de los días en esta época nuestra es tan evanescente como su locuacidad.