El chat de la promoción de militares retirados que pedían fusilar a 26 millones de españoles, todos los que no piensan como ellos, ha provocado una reacción de exoneración inmediata de las Fuerzas Armadas. Un argumento que transita en la línea histórica naif heredada de la Transición que promovía mirar para otro lado cuando los sables y las lenguas franquistas se removían en los cuarteles. Los fascistas en el Ejército se han mostrado de manera descarnada y no sabemos cuán profunda es la podredumbre que asola nuestras Fuerzas Armadas. Un partido posfascista capitaliza la presencia política entre los armados de nuestra sociedad y el Gobierno prefiere ignorar la posibilidad de que este problema infeste el Ejército. Un hecho de una relevancia democrática gravísima que el Gobierno tiene miedo de afrontar.

Un informe minucioso de la Fundación Rosa Luxemburgo sobre los movimientos de extrema derecha en España que será publicado en 2021 da buena cuenta de la estrecha relación entre las Fuerzas Armadas y los cuerpos policiales con Vox. Las referencias constantes a la patria, a la simbología y el discurso castrense del partido ultra van dirigidos a lograr el favor de un caladero de votos cercano a los 500.000, entre policías, militares y guardias civiles. Algunas de las referencias que el informe hace constar es la presencia de seis generales en sus listas justo antes de las elecciones, de los cuales dos, Alberto Asarta y Agustín Rosety, firmaron un manifiesto de apoyo al dictador Francisco Franco titulado "Declaración de respeto y desagravio al general Francisco Franco Bahamonde, soldado de España, ante la inminente exhumación de sus restos del Valle de los Caídos". Vox siempre ha intentado ganarse el favor de la disciplina castrense con sus ideas, símbolos y espectáculos. El más conocido y que da buena muestra de la cercanía de los mandos a sus posiciones es el que ocurrió en febrero de 2020, cuando Javier Ortega-Smith apareció disparando un fusil de asalto en la base de la Brigada Paracaidista Javalí Nuevo, en Murcia, mientras decía: "Este es un hijo de puta del Daesh que había que cargárselo".

Según El Confidencial, Vox logró el 22% del voto en las bases militares, siendo el principal partido en este sector de la población: "En la base militar de El Goloso, al norte de Madrid, Vox alcanzó el 41% pese a que se abstuvo la mitad del censo". La preeminencia del discurso posfascista en Vox es una realidad que el Gobierno y la opinión pública se niegan a afrontar, creyendo que de lo que no se habla desaparece. La sustancia ideológica emanada de la Transición y la falta de revisión y reparación de nuestro pasado ha provocado un auténtico agujero negro antidemocrático en nuestras Fuerzas Armadas que es preciso afrontar y depurar.

En Alemania, la infiltración de individuos neonazis en las fuerzas de elite y del Ejército ha sido enfrentada con firmeza por la CDU de Angela Merkel, llegando a desmantelar una unidad del Ejército por estar infestada de neonazis. Según el New York Times, la ceguera de Alemania ante este problema fue similar a la que hay en España, hasta que le estalló en la cara: "Durante años, los políticos y los jefes de seguridad rechazaron la noción de cualquier infiltración de extrema derecha en los servicios de seguridad, y hablaron solo de 'casos individuales'. La idea de que existieran redes fue descartada. Los superiores de aquellos revelados como extremistas fueron protegidos. Las armas y la munición desaparecían de las reservas militares sin que hubiera una verdadera investigación".

Las reacciones políticas de la oposición, pero sobre todo de Margarita Robles, ministra de Defensa, defendiendo que las posiciones defendidas en el chat no se producen en las Fuerzas Armadas sin realizar la preceptiva investigación que los hechos pasados y presentes hacen prudente, es solo una muestra de que estamos viviendo en España la misma inopia que Alemania tuvo y que acabó por resultarle cara, al comprobar que sus militares preparaban acciones terroristas con material del propio Ejército. En Alemania, al igual que en España, fue la aparición de un partido de extrema derecha como AfD lo que legitimó un discurso y unas ideas que rápido fueron adquiridas por buena parte de miembros del Ejército. La ministra de defensa, Margarita Robles, prefiere mirar para otro lado en vez de investigar, como es su obligación, si los miembros en activo de las Fuerzas Armadas piensan igual que los que ya están retirados. Si después de una investigación profunda es cierto que el chat de los militares es la excepción, podremos tratar esa asonada virtual de fascistas sondados con la sorna que merece. Hasta entonces, debe alertarnos y hacer que exijamos a este Gobierno que actúe con firmeza.