La histórica alianza entre patronal, derecha tradicional y el fascismo como ejecutor necesario contra un gobierno de izquierdas puede adquirir diversas formas y estructuras, pero siempre con el objetivo común de alcanzar el poder con los métodos que sean necesarios en cada coyuntura. El 4 de marzo de 1972 se produjo en Chile el 'Complot del pastel de Choclo' en casa del abogado Sergio Silva Bascuñán, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), es decir, de la patronal. Una conspiración de políticos y empresarios para comenzar una guerra interna de desgaste contra el gobierno de Salvador Allende creando una movilización de masas burguesas con la intención de establecer un paro patronal que acabara por hacer imposible la situación social para el gobierno de la Unidad Popular. Se esperó a octubre para comenzar el golpe patronal. Un octubre como este de hace cincuenta años.

Antonio Garamendi, respondiendo a preguntas de la prensa sobre la movilización sindical por el inmovilismo de la patronal para subir los salarios, expresó de forma diáfana que él también podría convocar una manifestación y seguramente la llenaría. No tenemos duda de que la llenaría, los paros patronales tienen una capacidad coactiva de movilización de sus trabajadores que no tienen los sindicatos porque en un paro patronal los pagan por ir y en una huelga se paga por ir.

Los sueldos han subido un 2,6% mientras los precios están ya en el 9%. Lo que implica una pérdida salarial de más de seis puntos. Pero a la patronal no le parece suficiente sufrimiento. España es el cuarto país por la cola de toda la Unión Europea donde menos suben los salarios, por debajo de la media europea que está en el 4,1%. Esta pérdida de poder adquisitivo no va en línea con los beneficios empresariales que son los responsables de la inflación desbocada provocado por la repercusión de costes en los precios sin asumir pérdidas de márgenes. Ni siquiera sabemos si los salarios de los empresarios de la CEOE van a sufrir pérdida de poder adquisitivo porque prensa de la patronal se niega a facilitar a este periodista ni los salarios de sus directivos ni cuál va a ser su revalorización. Algo ocultan para que no sepamos que la revalorización salarial según el IPC solo es un problema cuando se trata de concedérsela a los trabajadores que ellos pagan.

Los responsables de la pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora son claros y diáfanos; es la CEOE, es Garamendi, son todos aquellos que están procurando aumentar las rentas empresariales a costa de la plusvalía de los currelas. La patronal se está negando a cumplir con las cláusulas de revisión salarial que empaten los precios, pero no en este año, donde se asume la pérdida. Ningún convenio sectorial se plantea revisar los salarios según el IPC, lo único que se pide es asegurar que en tres años se recupere el poder adquisitivo perdido. Algo a lo que se niega la patronal porque es consciente de que las movilizaciones y manifestaciones tienen más capacidad de hacer daño al Gobierno que a ellos y están tensando la cuerda precisamente para provocar ese desgaste a través del descontento de los trabajadores.

Antonio Garamendi hace un cálculo interesado que está basado en un análisis realista. La percepción ciudadana hace que la conflictividad penalice a quien está en el Gobierno y así la derecha capitalice el descontento social. La patronal está dispuesta a entrar en campaña electoral, no solo la interna de la CEOE, para favorecer la victoria de Alberto Nuñez Feijóo y la extrema derecha con quien se sentirán mucho más cómodos porque favorecerán únicamente sus intereses. La CEOE está hurtando el pan a quien lo trabaja para que la calle queme al que en esta batalla por los salarios está de su lado. Tengamos claro cuál es el enemigo, porque la división trabaja para el patrón.