Con motivo del Día Mundial de la Disfagia, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) alerta sobre la necesidad urgente de mejorar el diagnóstico precoz de esta alteración, cuyo origen puede ser neurológico, muscular o estructural.
La disfagia es habitual en personas que han sufrido un ictus, en pacientes con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o la ELA y en quienes han sido intervenidos por tumores de cabeza y cuello. También es frecuente en personas de edad avanzada, en quienes los cambios propios del envejecimiento pueden alterar el proceso de deglución. Según datos de la SEEN, afecta aproximadamente al 8 % de la población mundial y al 5,6 % de los adultos en España, con una incidencia aún mayor en el ámbito hospitalario, especialmente en unidades geriátricas y servicios de neurología.
Desde el punto de vista clínico
Se distinguen dos grandes tipos de disfagia. La más frecuente es la disfagia orofaríngea, que representa cerca del 80 % de los casos y se produce al iniciar la deglución en la boca o la faringe, con un elevado riesgo de atragantamiento y aspiración. La disfagia esofágica, en cambio, aparece cuando el alimento no progresa correctamente por el esófago y genera una sensación persistente de atasco. A estas formas se suma la presbifagia, la dificultad para tragar asociada a la edad, que afecta a entre el 10 y el 30 % de los mayores de 65 años y supera el 80 % en personas mayores de 80.
La doctora Emilia Cancer Minchot, vocal de Asistencia de la SEEN, explica que existen síntomas claros que deben hacer sospechar de disfagia durante la ingesta. Entre ellos se encuentran la tos frecuente al comer o beber, los cambios en la voz tras tragar, el descenso del nivel de oxígeno, la dificultad para mantener el alimento en la boca, el babeo por incapacidad para sellar los labios, la presencia de restos de comida en la boca o la faringe tras la deglución, la necesidad de realizar varias degluciones para un solo bocado, las infecciones respiratorias repetidas y los episodios frecuentes de deshidratación o desnutrición.
Las consecuencias de tragar con dificultad
Las repercusiones que generan las dificultades al tragar van mucho más allá de la alimentación. Deglutir permite nutrir e hidratar, pero también protege las vías respiratorias. Cuando este mecanismo se altera, aumenta el riesgo de aspiraciones orofaríngeas que pueden derivar en neumonía. "Hasta un 50 % de los pacientes que presentan aspiración desarrollan neumonía, la complicación más temida de la disfagia, que supone entre el 5 y el 15 % del total de las neumonías y puede alcanzar una mortalidad del 50 %", advierte la especialista.
Además del impacto clínico, la disfagia tiene un fuerte componente social y emocional. Incrementa las estancias hospitalarias, eleva los costes sanitarios y deteriora la calidad de vida de los pacientes, que a menudo evitan comer en público por miedo a atragantarse o por la necesidad de dietas con texturas modificadas. "Muchos pacientes dejan de disfrutar de algo tan cotidiano como comer. Esto afecta a su bienestar emocional y a su integración social. El tratamiento no solo es clínico, también humano", subraya la doctora.
El abordaje de la disfagia puede ser compensatorio, rehabilitador o una combinación de ambos. Incluye la adaptación de las texturas y viscosidades de los alimentos, la adopción de posturas seguras durante la ingesta, una higiene oral estricta, el uso de espesantes y aguas gelificadas para garantizar la hidratación, el empleo de menaje adaptado y la supervisión del cuidador, así como ejercicios específicos de deglución y rehabilitación muscular. Cuando la vía oral no es segura o existe desnutrición, sarcopenia o ambas, es imprescindible una intervención nutricional especializada.
La llamada disfagia sarcopénica
Este tipo de disfagia está asociada a la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, constituye un factor de riesgo importante para la desnutrición, ya que condiciona una ingesta oral reducida. Por ello, los expertos insisten en la necesidad de un abordaje multidisciplinar, con la colaboración de endocrinólogos, otorrinolaringólogos, rehabilitadores, logopedas, geriatras, digestivos, neurólogos y oncólogos.
Entre los avances más relevantes en este ámbito destaca la Iniciativa Internacional de Estandarización de Dietas para la Disfagia, que ha permitido definir de forma global las texturas de los alimentos y la viscosidad de los líquidos para mejorar la seguridad del paciente. A ello se suman nuevas propuestas como la gastronomía adaptada y las innovaciones en rehabilitación neuromoduladora, que están ofreciendo resultados prometedores.