El doctor Gabriel Rubio, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre de Madrid y una de las mayores autoridades en adicciones en España, con más de 40 años de experiencia clínica, insiste en desmontar uno de los grandes mitos aún vigentes; el alcohol no es una medicina ni protege frente a ninguna enfermedad.

"El alcohol no es bueno para prevenir patologías, ni cardiovasculares ni de ningún otro tipo", subraya el doctor Rubio. Frente a los mensajes difundidos durante años por la industria alcoholera, el especialista recuerda que el alcohol es una sustancia tóxica para el organismo y que su consumo está directamente relacionado con daños neurológicos, deterioro cognitivo y un mayor riesgo de desarrollar adicción.

La dependencia del alcohol, explica, es una enfermedad crónica y además profundamente estigmatizada. "Cuando una persona deja de beber, deja de necesitar el alcohol, pero mantiene la vulnerabilidad. Si vuelve a consumir, la recaída es muy probable. Por eso hablamos de una enfermedad crónica, con la que se puede aprender a vivir sin beber", afirma.

A cualquiera le puede pasar

Uno de los mensajes más importantes que lanza el especialista es que la adicción al alcohol no afecta solo a perfiles concretos. "Existe la falsa creencia de que solo desarrollan dependencia quienes tienen antecedentes familiares o trastornos mentales. Eso no es cierto", insiste. La adicción puede comenzar en la adolescencia tardía o desarrollarse en la edad adulta, especialmente cuando el alcohol se utiliza como una herramienta para regular el malestar emocional. "La línea roja entre el consumo recreativo y el adictivo aparece cuando el alcohol se usa para calmar la ansiedad, la tristeza, el estrés o la frustración", explica Rubio.

Desde el punto de vista neurológico, el alcohol tiene un impacto especialmente dañino. Puede provocar alteraciones de la memoria, lentitud cognitiva, deterioro neuropsicológico e incluso demencia alcohólica en los casos más graves. Además, existen diferencias claras entre sexos. El cerebro femenino es más sensible a los efectos de las sustancias tóxicas, por lo que con menores cantidades de alcohol, las mujeres pueden sufrir daños neurológicos mayores que los hombres.

Un programa que demuestra que recuperarse es posible

El Hospital 12 de Octubre ha desarrollado el Programa de Alcohol, un abordaje integral y a largo plazo que demuestra que la recuperación es posible. Este modelo ha quedado recogido en el Manual Clínico sobre la Dependencia al Alcohol, dirigido a profesionales sanitarios. El tratamiento combina apoyo farmacológico, terapia cognitivo-conductual, regulación emocional y cambios en los hábitos de vida. Tras la fase inicial de desintoxicación, el proceso se estructura en tres etapas; recuperación conductual, recuperación emocional y recuperación de valores.

"El alcohol sustituye valores y decisiones. Nosotros enseñamos a los pacientes a volver a tomar decisiones basadas en lo que realmente importa", explica Rubio.

La recuperación sólida no es inmediata. A nivel internacional se acepta que se necesitan al menos cuatro años para consolidarla. Los datos del programa son claros: sin apoyo comunitario, el 40% de los pacientes permanece abstinente a los cuatro años; con la participación en grupos de ayuda mutua, esa cifra alcanza el 70% a los seis años.

Además, el perfil de los pacientes está cambiando. Cada vez acuden más mujeres y personas jóvenes, dos de cada diez pacientes tienen entre 25 y 35 años, una tendencia que refleja la normalización social del consumo y su impacto temprano. Desde 2024, el hospital ha incorporado el Proyecto Ulises, basado en psicología positiva, para ayudar a los pacientes a reconectar con experiencias y valores que quedaron desplazados por la adicción.