Hasta ahora, la cirugía intrauterina para cerrar la apertura de la médula era el estándar de cuidado, pero aunque reducía complicaciones, no siempre lograba evitar parálisis o problemas neurológicos graves. Un reciente ensayo clínico liderado por UC Davis Health y publicado en la revista The Lancet ha cambiado las reglas del juego al combinar esta cirugía con el uso de células madre vivas.
El estudio se centró en la mielomeningocele, la forma más severa de esta patología, donde la médula espinal queda expuesta y vulnerable al daño del líquido amniótico. La innovación radical ha consistido en aplicar células madre mesenquimales derivadas de la placenta directamente sobre la zona dañada durante la intervención en el útero. Estas células poseen una capacidad extraordinaria para reducir la inflamación y, lo más importante, proteger y reparar el tejido nervioso que de otro modo quedaría perdido para siempre.
Resultados sin precedentes en la formación cerebral
Los seis bebés que participaron en esta primera fase del ensayo nacieron con sus reparaciones espinales intactas y sin mostrar ningún efecto adverso por el tratamiento. Sin embargo, el hallazgo más asombroso para el equipo médico se produjo al analizar las resonancias magnéticas tras el nacimiento.
Los investigadores confirmaron que la hernia del rombencéfalo, una anomalía cerebral grave asociada a la espina bífida, se había revertido por completo en todos los casos estudiados gracias a la intervención temprana.
Este hecho supone un hito médico, ya que demuestra que actuar sobre la columna vertebral en el periodo gestacional no solo tiene efectos locales en la movilidad futura, sino que permite corregir el desarrollo del sistema nervioso central en su conjunto. Al restaurar la integridad de la médula antes de que el bebé respire por primera vez, se logra que el cerebro se reorganice y recupere su posición y estructura normales, mitigando riesgos de hidrocefalia y otras complicaciones derivadas.
Seguridad y esperanza en la medicina regenerativa
La seguridad ha sido la prioridad absoluta en este ensayo de fase 1. Los pequeños participantes, nacidos entre 2021 y 2022, no han presentado infecciones, crecimientos de tejido anormal ni formación de tumores, lo que despeja el camino para el uso de células madre en el entorno fetal. El seguimiento de estos niños será exhaustivo hasta que cumplan los seis años, con el fin de evaluar cómo esta mejora estructural se traduce en una mayor capacidad para caminar y un mejor control de sus funciones motoras y orgánicas.
La comunidad científica ya trabaja en ampliar este estudio a una escala mayor para perfeccionar los protocolos quirúrgicos. Los expertos confían en que este enfoque se convierta pronto en el estándar de oro para tratar defectos congénitos antes del parto. No solo representa una nueva oportunidad para las familias que reciben un diagnóstico de espina bífida, sino que sienta las bases para utilizar la medicina regenerativa en la corrección de otras patologías graves durante la gestación.