El flúor sigue generando dudas entre padres y madres cuando se trata de la higiene dental infantil. Preguntas como si es seguro, a qué edad debe empezar a utilizarse o cuánta cantidad de pasta es la adecuada siguen estando muy presentes, a menudo alimentadas por mensajes contradictorios. Sin embargo, la evidencia científica es clara; el flúor, bien empleado, es seguro y fundamental para proteger la salud bucodental de los niños desde edades tempranas.
"El verdadero riesgo no está en el flúor, sino en no usarlo o hacerlo de forma incorrecta", explica el doctor Miguel Hernández Juyol, presidente de la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP). Según el especialista, prescindir de la pasta fluorada por miedo puede aumentar de forma significativa el riesgo de caries, una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia.
Por qué el flúor protege los dientes
El flúor actúa fortaleciendo el esmalte dental y haciéndolo más resistente frente a los ácidos producidos por las bacterias de la placa. Además, favorece la remineralización del esmalte dañado e inhibe el crecimiento bacteriano, lo que reduce la aparición de lesiones de caries y también la sensibilidad dentaria.
Para que esta protección sea efectiva, subraya Hernández Juyol, es fundamental mantener niveles bajos y continuos de flúor en la cavidad oral. Esto se consigue principalmente mediante el cepillado diario con pasta dental fluorada, más que con aplicaciones puntuales. "Cuanto antes se empiece con la higiene oral, menores serán las probabilidades de desarrollar caries y enfermedades periodontales", afirma el odontopediatra, que insiste en que el cepillado regular no solo elimina restos de comida y placa, sino que permite distribuir correctamente el flúor sobre los dientes.
Desde el primer diente, con supervisión adulta
La recomendación de los expertos es clara, la higiene oral debe comenzar con la erupción del primer diente de leche, que suele aparecer alrededor de los seis meses de edad. Desde ese momento, el cepillado debe realizarse dos veces al día, especialmente por la noche, considerada la limpieza más importante.
Hasta que el niño adquiere la habilidad motora suficiente para cepillarse correctamente, algo que suele ocurrir entre los 8 y los 10 años, la responsabilidad del cepillado recae en los padres o cuidadores. Lo habitual es permitir que el niño se cepille primero para ir aprendiendo, y que después sea el adulto quien complete la limpieza de forma eficaz, asegurándose de alcanzar todas las superficies dentales.
Cuánta pasta usar y el error que hay que evitar
Uno de los aspectos que más confusión genera es la cantidad de pasta dental. En los niños menores de seis años se recomienda una pasta con una concentración de flúor de 1.000 ppm, aplicada en una cantidad muy pequeña, similar a un grano de arroz. A partir de los seis años, la concentración adecuada es de 1.450 ppm, con una cantidad equivalente a un guisante, que se mantendrá en la edad adulta salvo indicación contraria del odontopediatra.
Un error frecuente que, según los especialistas, reduce notablemente la eficacia del flúor es enjuagar la boca con agua tras el cepillado. "Después de escupir los restos de pasta no se debe aclarar con agua ni con colutorios", señala Hernández Juyol. De este modo, el flúor permanece más tiempo en contacto con el esmalte y ejerce mejor su efecto protector.
Los enjuagues bucales con flúor pueden utilizarse cuando el niño controla correctamente el reflejo de deglución y es capaz de escupir. No obstante, en niños con bajo riesgo de caries no aportan beneficios adicionales significativos frente al uso diario de pasta dental fluorada. En los casos con mayor riesgo, el odontopediatra puede recomendar otras estrategias preventivas, como la aplicación de barniz de flúor en consulta. Se trata de un fluoruro tópico que se adhiere temporalmente a la superficie del diente y refuerza el esmalte, siempre bajo indicación profesional.
Los expertos coinciden en que el flúor es una herramienta esencial para la prevención de la caries infantil. Utilizado desde el primer diente, en la cantidad adecuada y con una técnica correcta, contribuye de forma decisiva a una salud bucodental óptima a lo largo de toda la vida.