Un metaanálisis que ha analizado 37 estudios internacionales concluye que el efecto rebote aparece en menos de dos años y que, junto al aumento de peso, regresan también los riesgos cardiovasculares y metabólicos asociados a la obesidad.
El trabajo, publicado en la revista The BMJ, revisa los datos de 9.341 participantes seguidos durante una media de tres años. Según los investigadores, tras dejar los fármacos, los pacientes recuperaron peso a un ritmo aproximado de 0,4 kilos al mes, hasta volver, de media, a su peso previo en un plazo de 1,7 años.
Este aumento de peso no llega solo, los marcadores de riesgo cardiometabólico que habían mejorado durante el tratamiento, como el colesterol elevado, la hipertensión arterial o la diabetes regresaron a los niveles previos en un periodo medio de 1,4 años desde la suspensión de la medicación. Uno de los datos más llamativos del análisis es que la recuperación de peso tras abandonar estos fármacos es casi cuatro veces más rápida que la que se produce después de cambios en la dieta o en el nivel de actividad física. Para los autores, este hallazgo refuerza una idea clave; utilizar estos medicamentos de forma puntual no es suficiente para controlar la obesidad a largo plazo.
La obesidad, una enfermedad crónica
Expertos independientes coinciden en esta interpretación. John Wilding, catedrático de Medicina Cardiovascular y Metabólica de la Universidad de Liverpool, recuerda que la obesidad es una enfermedad crónica y que, como ocurre con otras patologías, tiende a reaparecer cuando se suspende el tratamiento. "No esperamos que la diabetes o la hipertensión sigan controladas si se interrumpe la medicación, y no hay ninguna razón científica para pensar que la obesidad sea diferente", señala. Por ello, defiende que los fármacos antiobesidad deberían considerarse terapias a largo plazo y no soluciones rápidas.
En la misma línea, la investigadora de la Universidad de Cambridge Marie Spreckley subraya que el manejo de la obesidad requiere planificación sostenida en el tiempo. Si se deja la medicación, advierte, muchas personas necesitarán un apoyo nutricional y conductual continuado para evitar la recuperación del peso perdido.
El papel de la dieta y el ejercicio
En el análisis de la investigadora de la Universidad de Cambridge Marie Spreckley , la recuperación de kilos comenzaba a las ocho semanas de dejar el tratamiento y se prolongaba durante varios meses, con variaciones según el tipo de medicamento y la constancia de los cambios en la dieta y el ejercicio. En algunos casos, como con la tirzepatida, los participantes recuperaron cerca de la mitad del peso perdido tras pasar a placebo.
Los autores de ambos trabajos coinciden en que se necesitan estudios con seguimientos más prolongados para entender mejor qué factores influyen en el mantenimiento del peso a largo plazo. Mientras tanto, la evidencia apunta en una dirección clara; los fármacos antiobesidad son una herramienta eficaz, pero solo funcionan de forma sostenible cuando se integran en un tratamiento continuo y acompañado de cambios duraderos en el estilo de vida.