Un amplio estudio presentado en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA), que se celebra estos días en Chicago y que pone el foco en cómo la distribución de la grasa corporal puede influir directamente en la estructura del corazón. Los investigadores concluyen que la obesidad abdominal, medida a través del índice cintura-cadera, está relacionada con patrones de remodelación cardíaca más perjudiciales que el exceso de peso reflejado únicamente en el índice de masa corporal (IMC).

Lo que dicen los especialistas

Jennifer Erley, residente de radiología en el Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf, explica que esta forma de obesidad parece favorecer un tipo de cambio estructural conocido como hipertrofia concéntrica, el músculo cardíaco se engrosa mientras el tamaño general del corazón no aumenta, lo que da lugar a cavidades internas más pequeñas y, por tanto, a una menor capacidad para retener y bombear sangre. Con el tiempo, este mecanismo compromete la capacidad del corazón para relajarse y llenarse correctamente, un proceso que puede desembocar en insuficiencia cardíaca.

El estudio analizó imágenes de resonancia magnética de 2.244 adultos de entre 46 y 78 años sin enfermedades cardíacas diagnosticadas. Todos ellos forman parte del Estudio de Salud de la Ciudad de Hamburgo. Los datos muestran que la acumulación de grasa en la zona abdominal está mucho más extendida de lo que indican las cifras de sobrepeso basadas en el IMC, según este índice, el 69% de los hombres y el 56% de las mujeres presentaban sobrepeso u obesidad; sin embargo, cuando se utilizó el índice cintura-cadera, el porcentaje aumentó al 91% en hombres y al 64% en mujeres, lo que refleja una presencia muy elevada de grasa visceral, la más peligrosa por su cercanía a los órganos y su impacto metabólico.

La obesidad general

Mientras que la obesidad general, medida por el IMC, se asoció con un agrandamiento de las cavidades cardíacas, la obesidad abdominal se relacionó con un engrosamiento del músculo cardíaco y una reducción del volumen interno de las cavidades, un patrón más preocupante. Estos efectos fueron especialmente intensos en los hombres y se observaron con mayor claridad en el ventrículo derecho, encargado de llevar la sangre a los pulmones. Los investigadores sugieren que podría tratarse de un signo temprano de estrés cardíaco provocado por cómo la grasa abdominal afecta a la respiración y a la presión pulmonar.

Además, en los participantes varones se detectaron cambios sutiles en el tejido cardíaco gracias a técnicas avanzadas de resonancia magnética, alteraciones que podrían ser indicadores tempranos de una afectación del corazón incluso antes de la aparición de síntomas o diagnósticos clínicos. Estos patrones se mantuvieron incluso después de ajustar factores como hipertensión, tabaquismo, diabetes o colesterol, lo que refuerza la idea de que la grasa visceral juega un papel independiente en el deterioro cardíaco.

Tendencia masculina por la obesidad

Para Erley, estas diferencias entre hombres y mujeres podrían explicarse por una mayor tendencia de los primeros a desarrollar obesidad abdominal más pronto y de forma más severa, además del posible efecto protector del estrógeno en las mujeres. Por ello, la investigadora insiste en que el objetivo no debería centrarse únicamente en reducir kilos, sino en prevenir la acumulación de grasa en la zona abdominal. El ejercicio regular, la alimentación equilibrada y una intervención médica precoz si es necesaria son las herramientas clave para evitar que este tipo de obesidad derive en complicaciones más serias.

La buena noticia es que cualquier persona puede calcular su propio índice cintura-cadera en casa con una simple cinta métrica; basta con dividir la medida de la cintura en su punto más estrecho entre la medida de la cadera en su parte más ancha. Según la Organización Mundial de la Salud, una proporción superior a 0,90 en hombres y 0,85 en mujeres indica la presencia de obesidad abdominal y un mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular. Un indicador sencillo, accesible y, a la luz de este estudio, especialmente relevante para tomar decisiones tempranas que protejan la salud del corazón.