No son las Navidades que deseamos. Por segundo año consecutivo, la pandemia nos obliga a reestructurar nuestros planes y nuestra salud mental, como es lógico, llega tocada. Aunque la gravedad no es ni por asomo, gracias a las vacunas, la de 2020, ómicron ha entrado con fuerza en estas última semanas para poner de nuevo la pandemia y nuestro mundo patas arriba. Y también, la Navidad.

Pese a todo, podemos disfrutar (de otra manera) o al menos, sentirnos mejor mentalmente en estas fechas, a pesar de las restricciones y del miedo lógico que podamos tener. Toca reinventarnos de nuevo, ante la adversidad y lo inesperado de esta nueva situación, porque era algo con lo que no contábamos.

"Lo primero que debemos tener en cuenta es que el miedo es coherente y es valido. No hay que demonizarlo ni cuestionar a las personas que lo sienten o que quieren ser precavidas durante estas fechas. Igual que también hay que respetar a las personas que quieren celebrar la Navidad y juntarse", afirma la Sexta Mónica Pereira, psicóloga y codirectora del centro Haztúa Psicología Positiva.

No hay que demonizarlo ni cuestionar a las personas que sienten miedo o que quieren ser precavidas durante estas fechas. Igual que también hay que respetar a las personas que quieren juntarse. Hay que validar ambas posturas

Mónica Pereira, psicóloga

Si respetamos las decisiones y los sentimientos de cada uno, se evitarán muchos conflictos y discusiones familiares que puede haber en estos momentos. Unos querrán juntarse en la mesa de Nochebuena y otros preferirán que no haya cena o al menos, no como siempre o como tenían pensado. "Hay que validar ambas posturas", sostiene esta experta. Siempre respetando a los más vulnerables. Y las normas sanitarias. "Es importante que nos sintamos seguros y cómodos con lo que hacemos y decidimos".

Además, este año, en el que caso de querer juntarnos, contamos con herramientas como los test de antígenos (así podemos hacerlos correctamente) para poder ir más seguros a las reuniones familiares. Protegiéndonos a nosotros mismos y al resto, adoptando además, todas las otras medidas como la ventilación o las mascarillas.

El problema sería, explica Pereira, cuando el miedo se convierte en patológico, cuando nos genera malestar y nos impide hacer una vida medianamente normal o nos dificulte nuestra vida. En este caso, sí sería recomendable pedir ayuda profesional para tener a mano estrategias para afrontarlo.

"Ante esta situación tan excepcional, en estas fechas tan señaladas, puede que haya en todos más miedos e incertidumbres. Por lo que es importante que respetemos lo que quiera hacer cada persona. Porque si hay algún familiar que no quiere celebrar la Navidad por la pandemia, es totalmente aceptable", confirma Alba María García, neuropsicóloga del Center Psicología Clínica. Además, "podemos encontrar otras alternativas para vivir las Navidades de otra forma, para, sobre todo, sentirnos mejor mentalmente". Para proteger nuestra salud mental.

Recuperar viejos valores, viejas costumbres

Puede que sea, también estas segundas navidades, como en casi todas las cosas adversas de la vida, una cuestión de resiliencia. Como explica García, "la resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos de adaptarnos a situaciones estresantes, a recomponernos y reajustarnos". Que es de nuevo, lo que toca hacer ahora, en estas Navidades: reajustarlas.

Puede ser que las reuniones sean más pequeñas, con menos familiares que otros años, o que incluso las conformen únicamente el núcleo familiar. "Siendo así, puede ser por ejemplo, un buen momento para recuperar los valores de aquellas navidades más antiguas, que se vivían de forma más íntima y humilde. Una oportunidad para recuperar hábitos y momentos en familia. Y poder compartir tiempo de otra forma, de una manera más estrecha y más íntima", explica García.

Podemos entre todos hacer un balance del año vivido. Reflexionar y recordar todas aquellas situaciones a las que hemos sido capaces de adaptarnos. "Tomar estas navidades como un reencuentro especial y diferente", señala García. Y en el caso, sobre todo, que haya niños en la casa, podemos recuperar los viejos juegos de mesa o ver películas y series todos juntos. Incluso cocinar y preparar una buena cena en familia. Cosas que puede que no hagamos tanto durante el resto del año por las clases, los trabajos y la rutina.

Estas Navidades pueden ser un buen momento para recuperar los valores de aquéllas más antiguas, que se vivían de forma más íntima y humilde. Una oportunidad para recuperar hábitos y momentos en familia

Alba María García, neuropsicóloga

Aprovechemos también, sostiene por su parte Pereira, las nuevas tecnologías, porque "ya hemos visto que (aunque no son lo mismo) las videollamadas nos hacen sentir mejor". O incorporar otros planes de ocio como pasear y hacer actividades al aire libre. "Cada uno debe hacer lo que mejor le siente", asegura la psicóloga.

Podemos también aprovechar estos días "para conocer nuestra ciudad más a fondo o de otra manera", aconseja García. Reparar más en ella y en todos sus rincones. Algo en lo que a lo mejor no habíamos reparado. Y podemos quedar para pasearla juntos o incluso, por qué no, también en soledad.

Puede ser también (y debe ser incluso) un buen momento para el autocuidado, para dedicarnos tiempo, ése que probablemente no tenemos cuando estamos trabajando. "Es una oportunidad de autocuidado y de hacer las cosas que nos gustan: aprovechemos también estas vacaciones para ello", aconseja García. Todas estas pequeñas cosas pueden hacer sentirnos mejor mentalmente y ayudarnos a tener "unas navidades serenas (que no tienen que ser buenas, pero sí al menos, serenas), estando a gusto con nosotros mismos y cogiendo todas aquellas actitudes que nos puedan ayudar a estar mejor".

"Intentemos normalizar cosas que teníamos olvidadas, como el pasar tiempo juntos o hacer cosas que nos gustan. También es un buen momento para llamar a valores más viejos de la Navidad, como es la solidaridad e intentar ayudar a las personas que están más solas para que tengan también unas navidades serenas, que puedan disfrutarlas", aconseja la experta. Sin perder la esperanza, porque también esto pasará. "Miremos como estábamos hace un año y miremos cómo estamos ahora: valoremos y observemos el recorrido. Y sobre todo, no perdamos la esperanza".