Las escritoras Fernán Caballero, Gregorio Martínez Sierra y Víctor Catalá tienen algo en común: "Como son tres mujeres que tiene una gran ambición por escribir, optan por la solución de la época, un seudónimo masculino", cuenta Anna Caballé, profesora de Literatura de la Universidad de Barcelona.

Era lo habitual en el siglo XIX. No había espacio para ellas y escritores como Leopoldo Alas "Clarín" publicaban artículos con afirmaciones como: «Las literatas, desde el moño a los talones, parecen caballos o peces. La mayor parte de las literatas son feas». "Él considera que las literatas pueden ser cualquier cosa menos una mujer, porque una mujer con una vocación intelectual se la entiende en la época como un marimacho", asegura Caballé.

De Caterina Albert a Víctor Català

Con el tiempo se ha ido recuperando del olvido a estas escritoras, y el último caso es el de Víctor Catalá. Era Caterina Albert, pero en 1898 no gustó que ganara un premio literario. "Cuando descubrieron que se trataba de una mujer le retiraron del premio y se prometió no firmar con su nombre nunca más", dice Jan Arimany, editor de Trotalibros.

Ahora, su vida llega al Teatre Nacional de Catalunya con la obra 'La Víctor C.', y su libros, escritos en catalán, se reeditan en castellano manteniendo el seudónimo. "Me parece muy interesante respetar el pasado", opina Anna Caballé. "Si recuperamos el nombre estamos falseando la historia".

"Si recuperamos el nombre estamos falseando la historia"

'Soledad' es su novela más importante "Los temas que toca no son solo universales, son de actualidad sobrecogedora. Habla de temas como la violencia, la soledad de las mujeres de aquella época, y tiene un marcado tono feminista", cuenta Arimany.

Un clásico de las letras catalanas que renace, junto a su autora, más de cien años después