El estado de Texas vio nacer a Matthew McConaughey y, gracias a ello, tiene un marcado acento que, desde su primera película, ha constituido una gran parte de su identidad.

Sus padres, casados y divorciados hasta tres veces entre ellos, le enseñaron a saltarse las reglas, algo que le ha llevado a ser arrestado por la policía por tocar desnudo los bongos, o a fumar peyote en México dentro de una jaula con un puma. Pero tampoco le ha ido mal, tal y como él dice: "Siempre se ha salido más con la suya en la vida que en los sueños".

Un giro de 180 grados

Y tampoco le falta razón, porque McConaughey es de los pocos actores que después de hacer comedias como 'Movida del 76' o 'Cómo locos a por el oro', pudo, y sin problema, pasar a 'Mud', 'True detective' o 'Dallas Buyers Club'.

Rechazando comedias románticas, comenzó a resultarle interesante a directores más serios, una propuesta arriesgada, pero, ¿por qué no? Ese camino le acabó llevando al Óscar en 2014.

La vida nómada de un actor de Hollywood

Un camino que ha recorrido en furgoneta, de rodaje en rodaje durante años, acompañado de un perro y de algo de éxtasis mientras iba reflexionando en un diario que ahora le ha servido para escribir 'Greenlights', su autobiografía. Es algo así como todas las veces que el semáforo de su vida se ha puesto en verde y ha pisado a fondo el acelerador.

Desde luego, pruebas no le faltan para afirmar, como él hace, que el mundo conspira para hacerle feliz.