"El mujericidio siempre debiera reprobarse más que el homicidio. ¿No son los hombres nuestros amos, nuestros protectores, los fuertes, los poderosos? El abuso de poder, ¿no es una circunstancia agravante?". Esta frase no la ha dicho ninguna feminista (al menos, no actual) en una asamblea de mujeres. No pertenece a ningún manifiesto gritado en las calles con motivo del 25 de noviembre. No. Fue escrita el 22 de julio de 1901 en la revista 'La Ilustración Artística', y su autora no fue otra que doña Emilia Pardo Bazán.

La llamaron machirulo, la llamaron licurga, vigaro, literata fea... Sí, era la forma que tuvieron los hombres de la época de intentar amedrentarla, de acallarla, de reírse de ella, de poner sobre la mesa que lo que ella hacía (escribir, publicar, hablar en público) era una aberración. No pudieron con ella. Y ella se lo recordó una y otra vez.

Una de las formas que tuvo la literata gallega de luchar contra el machismo de su época (y, sin quererlo, el de la nuestra) fue usar su mayor arma: su pluma. Pese a que su mayor producción literaria fue en el ámbito de la novela, la escritora también creó muchos cuentos, entre los cuales destacan algunos con un mismo hilo -rojo- conductor: la violencia contra las mujeres. En 'El encaje roto', Cristina Patiño Eirín, investigadora en la Universidad de Santiago de Compostela, reúne una antología de cuentos de esta temática que se hace imprescindible todavía cien años después de haber sido escritos.

Es como si Pardo Bazán se hubiera adelantado un siglo al famoso grito de 'Amiga, date cuenta'. Con sus cuentos apela directamente a su lectora, le pide que se sienta identificada, que abra los ojos, que vea que lo que le pasa no puede seguir pasando. Las mujeres de esta antología (35 cuentos en total) son de todas las clases y profesiones. Y sus verdugos, de todos los tipos que había y sigue habiendo.

Los celos tampoco eran excusa antes

La autora, que ya en 1907 alertaba de que lo que estaba matando a las mujeres españolas era "la navaja" esgrimida por "celosas y brutales manos", relata en estos escritos todos los tipos de violencia que los hombres han ejercido sobre las mujeres. Hay brutalidad, pero también hay violencia psicológica, esa que aún en el año 2021 hay muchos que cuestionan.

"Todo español cree tener sobre la mujer derecho de vida o muerte", lamentó Pardo Bazán en 1915. "Lo mismo da que se trate de su novia, de su amante, de su esposa", continuaba, al tiempo que criticaba los 'arranques de celos' como excusa: "Los celos disculpan los más atroces atentados, las venganzas más cruentas; y los que se escandalizan de las barbaridades de la guerra (que al fin tiene un carácter colectivo y de interés general) disculpan estas atrocidades individuales, como si fuese lícito nunca tomarse la justicia por la mano".

Habla también doña Emilia de venganza asesina, e incluso se atreve a cuestionar la presión social sobre la imagen física de la mujer. Así, por ejemplo, en 'La dentadura' nos encontramos con un doloroso reflejo de la ansiedad por gustar, de lo que la sociedad inocula en las mujeres desde niñas: que deben mirarse a través de los ojos y los espejos de los hombres.

Uno a uno, los cuentos son un dramático fiel reflejo de lo que sufrían las mujeres de finales del siglo XIX y principios del XX, pero también de situaciones que aún hoy son tristemente comunes. El que es quizá más impactante es precisamente el último, el que da nombre a la antología: 'El encaje roto'. Es duro y cruel sin tener una pizca de violencia: 'simplemente' es un recordatorio de que es bien raro el caso del hombre amable, dulce y simpático que de repente un día te golpea. No. Hay pasos, peldaños que se suben, como en la fábula de Pepe y Pepa de la socióloga Carmen Ruiz Repullo. También Emilia Pardo Bazán lo vio (y alertó) un siglo antes.

Una feminista adelantada a su tiempo

En esta antología conocemos a la condesa de Pardo Bazán más crítica y luchadora. La leemos reivindicando una reinvención de códigos y convenciones, huyendo de estereotipos y, de nuevo -la repetición es intencionada- adelantándose a su tiempo. Ya a finales del siglo XIX y principios del XX la escritora usó conceptos que ahora están siendo usados por el postfeminismo: habla, por ejemplo, de la revictimización, de cómo la mujer muchas veces es doblemente víctima de su verdugo (su padre, su novio, su marido) y de la sociedad que la juzga sin piedad.

¿Recordáis hace no tanto tiempo que se hablaba de 'crímenes pasionales' para referirse a asesinatos machistas? También doña Emilia lo criticó: "La palabra pasión se toma aquí en un sentido vago y falso, como antes se tomaba la palabra honor". Era 1901. Ciento veinte años después, no viene mal volver a puntualizarlo.

La invención de estos cuentos no es casualidad. No hay aquí ningún ojo externo que quiera ver en las historias de Pardo Bazán asuntos que le eran ajenos y que, por causas del destino, aparecían casi por azar en sus relatos. "Infiltremos la razón en las multitudes y obtendremos el derecho", escribió la propia condesa en 1890 a Gabriela Cunninghame Graham, del Consejo de la Liga a Favor de los Derechos de la Mujer. En una carta en la que se disculpaba por no poder ir a uno de sus actos, la escritora pedía a su compañera que se armara de "paciencia y energía". "Vivamos seguras de la redención definitiva... ¿para nosotras? ¡Qué importa! Para la mujer futura, más libre, más feliz y más digna de la humanidad". Hoy somos más libres, más dignas. Por ella y por todas nuestras compañeras.