Traductora: Gabriela Ellena Castelloti
Editorial: Random House
Año de publicación original: 2025
Esta reseña debería ir acompañada de una nota que explique el contexto en el que estos Apuntes para Johnfueron escritos y, sobre todo, cómo ahora nos asomamos a temas tan delicados y personales como los que aquí se tratan. Joan Didion y Gregory Dunne se casaron en 1964, en 1966 adoptaron a su hija, Quintana Roo y las notas que aquí se presentan se empezaron a escribir en 1999.
Estos apuntes giran en torno a las visitas al psiquiatra Roger McKinnon que la escritora mantuvo menos de una década antes de la muerte repentina de su marido y de su hija, en 2003 y 2005 respectivamente. Y de las que sendas tragedias dieron lugar, a su vez, a dos libros: El año del pensamiento mágico y Noches azules.
Didion intenta comprender hacia dónde se dirigía su vida y la de los suyos
No fue hasta el presente año que 336 cajas se abrieron paso por todo Manhattan hasta la Biblioteca Pública de Nueva York para fundar el archivo Didion-Dunne del que hoy se rescatan estas anotaciones, marcadas por la inmediatez con la que la escritora trataba de comprender, después de cada sesión, hacia dónde se dirigía su vida y la de los suyos.
Un cuaderno de campo
Didion no espera en ninguno de los capítulos de Apuntes para John a que la memoria modifique sus recuerdos. Todo cuanto es expuesto en terapia toma forma con un lenguaje contundente y preciso. Una labor de campo aséptica desde donde la escritora se dirige directamente a su marido, poniendo atención a la relación con su hija y a su propia infancia. Anteponiendo la valentía al agudo sentimiento de dolor que vertebró los "años difíciles" que la escritora atravesaba.
Este no es un libro sencillo de leer, tampoco de escribir
La depresión y abuso de sustancias de su hija o la sombra del suicidio, que sobrevuela periódicamente las preocupaciones de los progenitores, son temas centrales aquí. Este no es un libro sencillo de leer, tampoco de escribir y la razón de ambas dificultades está en que jamás se concibió como tal. El lugar que estos Apuntes para John ocupan en la producción literaria de Didion es el de reflexionar sobre muchas de las preocupaciones que, tristemente, poblaron sus últimas obras.
Una escritora en el diván
Cronista implacable y ensayista mayúscula, la realidad fue la materia prima que la catapultó a la cima de las letras en Estados Unidos —con permiso de un puñado de novelas y guiones excepcionales—. Su fama se convirtió en leyenda a raíz de su muerte en 2021 y, desde entonces, el interés por la autora no ha dejado de crecer.
Didion saltó a la palestra literaria con una crónica descarnada del movimiento hippie en Arrastrarse hacia Belén. Dejó la icónica imagen de un bebé drogado por su madre con LSD, de comunas y pseudoprofetas que venían a vaticinar la era Manson en Estados Unidos. Su forma de escribir descartaba el estilo abigarrado de Wolfe, el cinismo de Mailer o el macarrismo de Hunter S. Thompson. Didion brilló por la sencillez y contundencia de sus palabras.
Con esa misma energía anota que rompe a llorar cuando su psiquiatra le explica que sus padres jamás la educaron para hablar a solas con alguien. Al otro lado, su propia hija, en plena espiral de dependencia por el abuso de sustancias. Didion se enfrenta a la frialdad con la que aprendió a evaluar la realidad, al miedo inexplicable de quien es incapaz de asegurar el bienestar de sus seres más queridos.
Apuntes para nosotros
Hay una cualidad casi profética en la obra de Joan Didion, en el sentido más oscuro y negro de la expresión. En una de las primeras sesiones, la escritora habla sobre un poema de Rosanna Warren. Un tríptico como los que habitualmente se pintaban en la Edad Media, con cada una de sus tres tapas representando las edades del hombre.
Hay una cualidad oscura, casi profética en la obra de Joan Didion
Didion confiesa sentirse obsesionada, al igual que en el poema, con la temática central, la del poder, la vida, la plenitud y la felicidad. La precede el nacimiento, la creación del mundo y el génesis. La inocencia y la crianza, los errores cometidos en la infancia y perpetuados en la juventud. Lo completa la escena final: una barca, la de Caronte, preparada para llevarnos a la otra orilla de nuestra frágil existencia.
Se vuelve consciente de que le espera la última parte de la pintura. El barquero observa a menos de una década de que tanto su hija como su marido mueran. Didion no lo sabe todavía, imposible saberlo. Sostenemos el aliento mientras tanto, nos sumergimos en las sesiones con la noción trágica de que la última escena del tríptico está cada vez más cerca.
Sigue el canal de Ahora Qué Leo en WhatsApp para estar al tanto de todas nuestras reseñas, reportajes y entrevistas.