"Nunca sé hacia dónde va la novela. Me siento con las manos en el teclado y a ver qué sale. Si mi perro tiene dermatitis, el personaje tiene dermatitis; si llueve en la calle, llueve en la historia; si me lastimo un dedo, el personaje se lastima un dedo...". Y así, salpicada por el azar del día a día, nació 'Salvar el fuego', Premio Alfaguara 2020.

A Guillermo Arriaga le ha llegado una de las noticias más importantes de su carrera literaria en plena pandemia global. Hasta que llegue la normalidad, el escritor mexicano nos atiende por Skype pocos días después de presentar el libro a través de su cuenta de Twitter. Una obra que narra la historia de amor entre Marina, una coreógrafa de clase acomodada, y José Cuauhtémoc, un criminal condenado a 50 años de prisión, hijo de un activista indígena.

"El amor es quizá la fuerza más subversiva y destructiva que puede haber"

"No sé en qué momento el amor pasó a ser una baratija", se pregunta Arriaga. "La gente relaciona 'amor' con novela romántica, con una novela cursi. Pero el amor es quizá la fuerza más subversiva y destructiva que puede haber. El amor puede provocar venganzas bestiales, puede provocar muertes". A través de Marina y José, retrata los extremos de su país. "He querido hablar de los muchos Méxicos. Hay un México completamente libre de violencia y que vive muy bien, y otro México más oscuro".

Un país racista

Esa división viene marcada por muchos aspectos, entre ellos, "el racismo soterrado" que denuncia Arriaga y que impregna la novela. Según el informe 'El Mundo Indígena 2019', México, con un 20% de la población, es el país con más indígenas de América. Sin embargo, "siguen relegados de los beneficios del país, siguen relegados de los puestos políticos, siguen relegados hasta de los papales para hacer cine”, asegura el escritor. "En México lo aspiracional es ser rubio de ojos claros y guapo".

"No se ha dejado de aplastar y humillar a los indígenas"

Un problema silenciado y normalizado a través del propio lenguaje cotidiano. "Pinche indio es un insulto común, como si los mexicanos no tuvieran sangre indígena", y añade: "No se ha dejado de aplastar y humillar a los vencidos, que son los indígenas. Parece que algo que se ganó hace 500 años hay que recalcarlo y embarrárselo en la cara".

Violencia y drogas

Sin embargo, el escritor recalca que México también "es un país muy generoso, muy solidario" y que la imagen proyectada en los medios de comunicación no se ajusta siempre a la realidad. Se refiere a todo lo que rodea al narcotráfico. "México no es un país sometido por el narcotráfico en todas las áreas de su vida. Parece que estamos todo el día en guerra", lamenta.

Arriaga no niega que haya un problema de violencia serio, y le sorprende que no exista en otros países "con los mismos niveles de cocaína". "Mientras tengamos consumidores en todo el mundo, mientras países del primer mundo como España o Estados Unidos sigan demandando cocaína, esto no se va a acabar".

"Cada gramo de cocaína está salpicado de litros de sangre"

De hecho, España es uno de los principales puntos de entrada de cocaína en la Unión Europea. Según un informe del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA), los europeos se gastan unos 30.000 millones de euros en drogas ilegales. "A los jóvenes del primer mundo les parece muy divertido meterse cocaína. No se dan cuenta de que cada gramo de cocaína está salpicado de litros de sangre".

Es cierto que 'Salvar el fuego' no es una novela sobre el narcotráfico, pero sí está presente. "Quiero acercar a los lectores al mundo humano de los criminales", dice Arriaga. "A su forma de razonar, a su forma de actuar, a las pulsiones que les lleva a asesinar, pulsiones que ellos mismo detestan".