Entrar a un cuadro de Edward Hopper es muy sencillo. Son escenas tranquilas, cotidianas. "Da la sensación de que no está pasando nada", cuenta el guionista Carlos Langa. "Me parece que o ha pasado algo justo antes o va a pasar".

Con eso mismo ha jugado él en su cuenta de Instagram, imaginando diálogos y dando vida a los personajes del pintor. "Los personajes de los cuadros de Hopper están rotos la mayoría de ellos. Se ve, algo les pasa. Y creo que en la vida muchos estamos así. Estamos rotos pero seguimos funcionando porque no nos queda otra", asegura.

De Instagram a la novela

Esas sensaciones, "la soledad, la melancolía, el estar perdido...", las ha trasladado también a una novela: 'La vida es un cuadro de Hopper'. En ella, un treintañero llega a Madrid en busca de una nueva vida que igual no es tan bonita como la venden. "No existe el sueño madrileño. Aquí viene la gente porque no tiene otra opción, no porque quiera venir", dice el autor.

"No existe el sueño madrileño; la gente viene porque no tiene otra opción"

Y entonces lo sueños chocan con la realidad. "El sistema no da oportunidad a gente sin recursos. Te pide la excelencia y si fallas en algún momento de tu vida es muy difícil recuperarte".

Esta historia es un reflejo de nuestra vida. "Aunque también tiene mucho humor", señala Carlos Langa. Una vida que por momentos se parece, y mucho, a un cuadro de Hopper.