ENTREVISTAMOS A YERAY LÓPEZ, DIRECTOR DEL DOCU 'YO GALGO'

ENTREVISTAMOS A YERAY LÓPEZ, DIRECTOR DEL DOCU 'YO GALGO'

El oscuro mundo de la caza con galgo: muchos de estos animales morirán de hambre o de un disparo

Acaba la temporada de caza con galgo. La mayoría de estos animales morirá de hambre o de un disparo. Ahogados en un pozo o, en caso de que no hayan cazado debidamente, colgados de un árbol de manera que sus patas rocen ligeramente el suelo. Es lo que en la tradición galguera se conoce como “tocar el piano”.

Febrero acaba de concluir. Un mes que coincide con el final de la temporada de caza con galgo y, de manera paralela, con la agonía de estos animales: las protectoras de animales calculan que cada año se abandonan y matan en España unos 50.000 galgos, la mayor parte en esta época del año.

Unos pocos de ellos, los más afortunados, darán con sus huesos en una de esas protectoras y, con suerte, acabarán siendo adoptados por una familia. Otros, una minoría, viajarán a países de Europa en los que se valora su nobleza y carácter afable: en Bélgica, Holanda, Francia o Alemania hay auténtica pasión por el galgo español.

Morirán de hambre, colgados o de un disparo

La mayoría no tendrán tanta suerte. Morirán de hambre o de un disparo. Ahogados en un pozo o, en caso de que no hayan cazado debidamente, colgados de un árbol. Si además han tenido el infortunio de dar con un cazador especialmente cruel, serán colgados de manera que sus patas rocen ligeramente el suelo, lo suficiente como para alargar aún más la agonía. Es lo que en la tradición galguera se conoce como “tocar el piano”.

Como todos los que han adoptado a uno de estos animales, Yeray López Portillo conoce de cerca el drama de los galgos. Hace cuatro años y medio, mientras vivía en Dinamarca, cayó en una profunda depresión. Alguien le recomendó poner un perro en su vida, lo que derivó en la llegada de Bacalao, una preciosa cachorra de galgo español. Nada volvió a ser lo mismo para ninguno de los dos.

'Yo galgo', el documental

La compañía de su nueva amiga de cuatro patas le le llevó a hacerse una pregunta: ¿Qué hubiera sido de ella si no nos hubiéramos cruzado en el camino? “Me fue imposible no querer saber más sobre la historia de estos perros. Así comencé la película”, recuerda Yeray sobre los primeros pasos de ‘Yo galgo’ como documental.

 

“Para mí era una especie de terapia volver a bucear en una España desconocida y misteriosa. Quería averiguar si es cierto que hay tanto dolor en la vida de estos perros y de dónde vienen las pasiones por cazar y competir con galgos. Al año de comenzar el documental me di cuenta que tenía que estar viviendo en España para hacerlo bien, así que nos mudamos aquí”.

La crueldad que sufren estos perros

“Hacerlo bien” significaba, sí o sí, meterse de lleno en el mundo de los galgueros. “No es fácil llegar a ciertos círculos con la cámara y que te permitan grabar: hay que trabajar mucho la confianza y eso requiere tiempo”, explica Yeray. “He pasado meses en el campo, en los pueblos y en bares, tratando de encontrar personas que me hablaran del galgo y me abrieran las puertas de sus casas para ver a sus perros”.

Y lo hicieron. ¿Sabían esos galgueros que el documental narraría la crueldad que sufren los perros? “Siempre he sido claro sobre mis intenciones con todo el mundo, que es documentar la realidad de los galgos en España y tratar de resolver mi pregunta de investigación en torno a qué hubiera sido de Bacalao en otras manos”.

“Creo que mi papel es ser testigo y que la gente saque sus propias conclusiones. He hablado con todas las partes involucradas, pero para mí lo importante son las experiencias de estos perros y acercar al espectador a estas prácticas desde las vivencias de sus protagonistas, los galgos".

'Yo galgo' ha llevado a Yeray a su propio proceso. "Si la película consigue que empaticemos con el galgo como animal sintiente, compañero y amigo, comenzaremos a tenerle en cuenta a la hora debatir sobre legislación, tradición y deporte. Así me ha pasado a mí, y no sólo a la hora de juzgar estas prácticas sino otras relacionadas con lo que como y consumo".

Y es que Yeray ha llegado a una conclusión. "Para mí era una contradicción preocuparme por el galgo y no extender ese cariño al resto de animales. Es fácil demonizar a alguien que pega a un perro, pero ¿qué hay del sufrimiento de los animales que ponemos en nuestro plato?", se pregunta.

Tres perros galgos | Agencias | archivo

Tranquilos, curiosos e ingeligentes

Yeray destierra los mitos que aún siguen muy extendidos sobre el carácter del galgo. "Es una especie de perro-gato, amante del sofá y la vida cómoda", cuenta con cariño. "Duermen mucho, unas 15 horas al día. Pueden vivir sin problemas en un piso y son muy buenos con los niños. Son curiosos, divertidos y observadores. Tienen un espíritu independiente y son inteligentes, pero no son de esos perros que buscan a toda costa agradar a sus dueños".

Como todo aquel que conoce a los galgos y vive con ellos como un miembro más de la familia, Yeray tiene esperanza. "Hay cientos de galgos esperando un hogar. Quizá la adopción y el entendimiento de que el galgo puede ser feliz lejos de la caza hagan que comencemos a verle como un fantástico animal de compañía".

DANI CABEZAS | @danicabezas1 | Madrid | Actualizado el 05/03/2018 a las 10:59 horas

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