ALTERNATIVAS, MITOS Y AMANTES INEPTOS

ALTERNATIVAS, MITOS Y AMANTES INEPTOS

Hablamos con mujeres que no alcanzan el orgasmo con la penetración

El epicentro de las relaciones heterosexuales ha sido siempre la penetración. Concretamente, del pene en la vagina. Contra esta actividad en principio no hay nada si ambas partes están de acuerdo, y a veces lo están. Pero también muy a menudo la falta de ideas y educación hacen que montones de mujeres se topen con parejas sexuales que esperan de ellas satisfacción plena a través de este sencillo movimiento de mete y saca. Y llegan los desencuentros. Ellas mismas nos lo cuentan.

Clítoris y su anatomía
Clítoris y su anatomía | Youtube

ELISA VICTORIA | Madrid | Actualizado el 12/04/2018 a las 00:05 horas

Hay mujeres que alcanzan el orgasmo con la penetración y mujeres que no. Las que no, frecuentemente, sobre todo durante los primeros años de bagaje sexual, experimentan sentimientos de incomprensión, culpabilidad y frustración.

Rocío, de veintinueve años, tiene claro que no es sólo una cuestión de mala información desde el punto de vista masculino. Ella tampoco estaba preparada y fue la primera en sentirse decepcionada con los métodos de su propio placer: “Cuando empecé a explorar mis genitales más a fondo en la pubertad estaba convencida de que introduciendo cualquier cosa en el agujero experimentaría un gran placer. No fue así, sentí más o menos lo mismo que metiéndome un dedo en la boca, algo curioso pero bastante decepcionante. Esperaba los típicos fuegos artificiales. Me sentí defectuosa. Con el clítoris ya llevaba un tiempo jugando desde fuera, seguí explorando por ahí y me fue bien, pero a la hora de empezar a tener relaciones con chicos la cosa se volvió más espesa que nunca”.

Amantes ineptos

Los chicos se mostraron en su gran mayoría muy poco abiertos a todo lo que fuera más allá del coito vaginal básico y la felación, y muy perezosos a la hora de explorar el cuerpo de Rocío: “Por mucho que yo les animara a tocarme de forma más externa y suave, sólo parecían cómodos con la idea de pasar cuanto antes a meterme los dedos rápida y bruscamente, muy impacientes. A los veinte años uno me llegó a decir que le inquietaba que yo me tocara con los dedos mientras me penetraba, sugiriendo que le hacía sentir insuficiente, como una especie de ofensa. También ha habido otros a los que directamente les daba igual lo que yo sintiera, ni se les pasaba por la cabeza, iban a lo suyo y ya está”.

Esta especie de complejo ha acompañado las experiencias de muchas chicas cuyos amantes esperaban que sus penes fuesen extraordinarias fuentes de placer y no sabían cómo interpretar la situación. Tanto Rocío como Sara han recibido estas reacciones en forma de culpa: “A mí me gusta la penetración pero no me basta, y varias veces se han mostrado extrañados de que no me corriese sólo con eso, como si fuese algo raro, y luego lo hablas con tus amigas o miras en internet y es lo más normal del mundo, pero al principio me hacían sentir como si tuviera algún fallo, como si fuera un problema”, explica Sara.

Para Sara, de 35, el descubrimiento de su propio placer también fue extraño: “Cuando eres pequeña te dan a entender por las películas y eso que te va a gustar mucho la penetración, que te va a encantar, y que los orgasmos suelen ser simultáneos, y luego para ti no es así y te da como vergüenza. Durante una época, sobre los veinte, llegué a fingir varias veces porque me sentía obligada y veía que mis parejas a veces se agobiaban si no lo hacía, aunque tampoco se esforzaban en investigar ni seguir mis indicaciones ni nada. Luego me di cuenta de que era peor fingir, dejaron de afectarme los ineptos y he conocido muchos amantes con los que me ha ido muy bien”.

Sexo anal

Para Sara fue crucial darse cuenta de que el sexo anal le proporcionaba más placer que el vaginal: “Es algo que también te da corte decirlo algunas veces porque te pueden tachar de guarra, hay mucho tabú todavía con el sexo anal, además mucha gente lo entiende como algo negativo, degradante, pero para mí es todo lo contrario, le he cogido el tranquillo y es lo que más me gusta hacer”.

La idea de que el sexo anal sólo es disfrutable para los hombres gracias a la presencia de la próstata no puede ser más errónea. Hablando en confianza, multitud de mujeres aseguran ser muy aficionadas a esta práctica, llegando a veces a preferirla sobre el coito vaginal e incluso alcanzando el orgasmo sin el acompañamiento de ningún otro estímulo.

Orgasmo con caricias en los pezones

Ocurre algo parecido con los pezones. Pilar, de veinticinco, y Ana, de treinta y cuatro, son capaces de experimentar orgasmos a través de caricias intensas y prolongadas en los pezones. “No es algo de todos los días”, cuenta Ana, “necesitas una motivación especial, confianza, tiempo, y puedes llegar a irritar bastante la piel de tanto frote, pero cuando ocurre es una explosión muy interesante”. En lo que a coito vaginal se refiere, ninguna de las dos alcanza orgasmos sin la estimulación externa del clítoris. Pilar es muy aficionada a los vibradores y Ana prefiere acompañarse de manos propias y ajenas.

Clítoris y vibradores

Los caminos del cuerpo son misteriosos y los del placer, como los demás, pueden dar giros inesperados. Es el caso de Patricia, de treinta y un años: “Cuando tenía veinticinco un día estaba teniendo sexo vaginal con mi pareja, sentí algo diferente y sin podérmelo creer me acabé corriendo sin ayuda de nada más, fue como si se abriera un camino nuevo. A partir de entonces me gusta que me toquen tanto por dentro como por fuera y eso de que hay un orgasmo vaginal y otro clitoriano es un mito sin sentido, es lo mismo desde diferentes lugares”.

Melanie, de treinta y nueve, confirma esta teoría contra la concepción freudiana: “Esa distinción ha hecho mucho daño, se trata de estimular el mismo órgano desde un punto u otro, o los dos a la vez. El mismo vibrador me puede traer un orgasmo desde diferentes ángulos”. Melanie, por su parte, afirma haber notado siempre su vagina de una forma muy sensible, hasta el punto de que tuvo un orgasmo la primera vez que practicó sexo con un chico en la adolescencia, algo poco frecuente. Tanto ella, gran experta en la materia, como la sexología en general recomiendan el ejercicio del suelo pélvico para mantener nuestros órganos en buena forma pero también como paso extra en la búsqueda del placer.

Bolas chinas

Pilar lleva un año siguiendo este consejo, en su caso con la introducción regular de bolas chinas de diferentes pesos, y nota ciertos cambios en su interior: “que la musculatura de la zona se está haciendo más fuerte, que las contracciones del orgasmo son más intensas y prolongadas y más placer a lo largo de todas las relaciones sexuales”. Se persiga el fin que se persiga, el ejercicio del suelo pélvico es una actividad sencilla, barata y saludable en cualquier caso. Y no olvidemos que, sea cual sea el camino del placer, habiendo consenso, ninguno debe ser tomado como defectuoso o problemático.

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