UN PRODUCTO PENSADO PARA EL GRAN INVERSOR

UN PRODUCTO PENSADO PARA EL GRAN INVERSOR

Eduardo Segovia: “Fue Rodrigo Rato quien permitió vender preferentes a todo tipo de inversores”

El periodista Eduardo Segovia cree que el problema de las preferentes es que “estaban pensadas para el gran inversor", pero al llegar Rodrigo Rato al Gobierno Aznar, “permite que se puedan comercializar a todo tipo de inversores”. La advertencia de la CNMV no surtió efecto porque “la gente se fiaba de lo que le contaban, no miraba papeles”, ha denunciado.

“Las participaciones preferentes son una especie de mezcla entre acciones y bonos”, cuenta Eduardo Segovia. “Siempre han sido un producto de riesgo, como cualquier inversión, aunque era difícil llegar a perderlo todo, sólo ocurría en caso de que quebrara la entidad”, señala, “algo que no ocurría a finales de los 90 y principio de los 2000, la época dorada de la banca”.

El periodista de ‘El Confidencial’ las califica como un producto perpetuo porque “no tienen vencimiento, son para siempre. Tú prestas tu dinero y, en teoría, no te lo devuelven nunca”. Sin embargo, es posible quitarse de encima el producto: “Lo puedes vender, porque es un producto que cotiza, como los bonos”, algo que se pudo hacer durante mucho tiempo, “incluso se podían revalorizar”.

El problema, para Segovia, es que “estaban pensadas para el gran inversor, un cliente profesional”. Pero al llegar Rato al Gobierno de Aznar, “se permite que estos instrumentos se puedan comercializar a todo tipo de inversores. No era una cosa relevante, pero el problema llega cuando se colocan en masa los minoristas”.

En opinión de Eduardo Segovia, “la cosa se tuerce a partir de la quiebra de Lehman Brothers en 2008, cuando el sistema mundial se viene abajo y hay que emitir preferentes a lo bestia”. En otros países nacionalizan la banca, mientras España presume de tener “el sistema financiero más sólido del mundo”. Evitamos meter dinero público en los bancos, por lo que tratan de obtenerlo mediante preferentes.

“Según las estimaciones del Defensor del Pueblo, los preferentistas pusieron un total de 22.000 millones en la banca”, un proceso “incentivado por la consigna del Banco de España de no nacionalizar ni dar dinero público a los bancos”.

Este producto se coloca de forma masiva al cliente minorista “porque se le pueden vender pagándoles menos”. Y es que “los minoristas no tienen idea de qué es una preferente y de cuánto se pide en el mercado internacional”. Podría decirse que cuando salían de la sucursal “ya estaban perdiendo dinero”, porque nadie les iba a pagar lo que habían pagado por ella”.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores no podía prohibirlas, pero “podía no dar el visto bueno a los folletos”. Opta por una posición intermedia: “Por vergüenza torera, les puso una notita avisando de que las participaciones preferentes son un producto complejo y de carácter perpetuo, y que el adjetivo preferente no significa que sus titulares tengan la condición de acreedores privilegiados”.

Sin embargo, no surtió efecto porque “no se lo leía nadie”. Además, señala el periodista, “la gente se fiaba de lo que le contaban, no miraba papeles. Le pedían que firmara y ya está”.

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