@NORCOREANO RESUME LA NOVENA ETAPA DE LA RUTA DE LOS ELEFANTES

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El día de la marmota

En la India, bajo el influjo de Shiva, los influencers y las jerezanas se reencarnaron en concursantes de pleno derecho.

"¿Creéis en la vida eterna?", preguntó Cristina a los concursantes nada más comenzar la etapa. Minutos después pensé que en realidad yo creía en el día de la marmota, en esa vida que nos mostraba la película de Bill Murray en la que día tras día se repetían los mismos acontecimientos, como su vivieses en un bucle eterno. De nuevo los primos en un camión haciendo un calvo, de nuevo Pepe a punto de arrancarle la cabeza a un civil inocente… Así día tras día, eternamente. En realidad Cristina hacía referencia a la creencia hindú de la reencarnación, la vuelta a la vida, como hilo conductor para justificar la inesperada repesca de influencers y jerezanas.

La jornada de la marmota tomó un giro inesperado cuando los primos se hicieron con un arma nueva que consiguieron pujando en una subasta: una bandera roja con la que podían congelar a sus rivales durante cinco minutos si se cruzaban con ellos durante la carrera. Los primos decidieron que al disfrutar ya de la inmunidad no iban a utilizar su pequeño truco para beneficiarse, en lugar de eso lo hicieron para divertirse y hacer saña, para sacar de quicio a sus rivales.

Con los aristócratas se cebaron especialmente. A Pepe lo vimos evolucionar como un Pokemon en cada una de las 'congelaciones' a las que fue sometido. En la primera se le pusieron las venas del cuello como las de un cantaor flamenco. En la segunda sus dientes se cerraron y empezaron a castañear mientras les lanzaba a los primos una mirada con un poder de congelación aún mayor que el de la bandera roja. En la tercera, su cara se tornó morada, sus ojos rojo sangre, y sus pies comenzaron a desplazarse lentamente en dirección a los primos. Si yo fuese parte de la dirección del programa no habría dudado, habría ordenado disparar el dardo tranquilizante. Finalmente la cosa quedó ahí porque Pepe lo mismo te amenaza de muerte que te cuenta un chiste de nobles y te lleva de cañas.

"¿Creéis en la vida eterna?", había preguntado Cristina al comienzo del programa. Y yo, después de haber visto a Priscila y Jonan seguir vivos tras haber superado una eliminación y un último puesto en el último programa, digo sí.

Nos vemos la próxima semana en Pekín Express, el único programa en el que verás a unos aristócratas rogarle a una familia trabajadora india para dormir en el suelo de su casa.

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