Carranza, de 34 años, admitió haber troceado los cadáveres y haberlos cubierto con cemento en dos heladeras que escondió en el sótano de la heladería que regentaba en Viena. Según el relato de los hechos que hizo la Fiscalía, Carranza es una persona fría y manipuladora que actuó motivada por el egoísmo e, incluso, por intereses económicos.

"Era capaz de distinguir entre el bien y el mal", aseguró la fiscal Petra Freh, quien reconoció a la acusada un trastorno de la personalidad bajo el que decidió que "era más fácil matar a una persona que tomar postura" ante las conflictivas relaciones con sus dos víctimas.

El peritaje psiquiátrico ha determinado que Carranza es imputable y criminalmente responsable de sus actos, pese a haberle sido diagnosticada una serie de desórdenes del comportamiento e incluso el riesgo de que vuelva a tener comportamientos violentos.

Rudolf Mayer, uno de los letrados de la defensa, insistió en que su clienta es una "persona con un grave trastorno que no ha elegido estar trastornada". El abogado, conocido por haber defendido al "Monstruo de Amstetten" (encerró y violó a su hija durante 24 años), negó que los crímenes se cometieran a sangre fría, sino que tuvieron lugar tras airadas discusiones, y mencionó el carácter iracundo de una de las víctimas.

Carranza, por su parte, relató su propia vida como un cúmulo de malas experiencias y decepciones: una economía familiar apretada, un padre autoritario, relaciones sentimentales fracasadas y hombres que la dominaban y humillaban.

Relaciones en las que, aseguró, llegó un momento en que se sintió asfixiada, "sin salida" y ante las que comenzó a desarrollar fantasías homicidas, unos pensamientos que, dijo, nunca pensó que fuera capaz de materializar.

Como reconoció hoy, en noviembre de 2008 disparó por la espalda a su ya ex marido, un ciudadano alemán, con quien aún compartía domicilio y la gestión de la heladería. "Me sentía desamparada y sin salida", confesó la acusada, que detalló luego cómo se deshizo del cadáver. Dos años más tarde, Carranza mató de varios disparos a su nuevo novio al darse cuenta, relató, de que le era infiel, no quería formar una familia con ella, pero tampoco "dejarla ir".

"Ahora me doy cuenta de lo que he hecho y de que había miles de opciones mucho mejores de lo que hice", aseguró la mujer, de 34 años, en un momento de su testimonio. En todo caso, aseguró que si alguna vez vuelve a tener ese tipo de pensamientos pedirá ayuda inmediatamente, ya que no quiere hacer daño a nadie.

La acusación de doble asesinato puede acarrear a Carranza una pena máxima de cadena perpetúa. La Fiscalía ha solicitado su internamiento en un centro para criminales con trastornos mentales. Se espera que el jurado emita un veredicto el jueves o el viernes de esta misma semana.